| 1x | Almeja Japónica | 15,50€ |
| 1x | Almeja Roja de la Ría | 14,50€ |
| 1x | Camarón Extra | 39,00€ |
| 1x | Camarón Grande | 19,50€ |
| 1x | Necora de la Ría Normal | 35,00€ |
| 1x | Almeja Fina de la Ría (Almeja San) Normal | 22,50€ |
| 1x | Vieira | 3,00€ |
| 1x | Almeja Fina de la Ría (Almeja San) Extra | 59,50€ |
| 1x | Almeja Fina de la Ría (Almeja San) Grande | 29,50€ |
| 1x | Berberecho de la Ría Extra | 19,90€ |
| 1x | Ostras de la Ría Normal ( lote 6 u. ) | 9,90€ |
| 1x | Terra de Asorei botella 75cl. | 10,95€ |
| 1x | Ostras de la Ría Grande ( lote 6 u. ) | 12,50€ |
LA DURA VIDA DE LAS HEROINAS DEL MAR
LAS MARISCADORAS
El marisqueo en A Illa hace más de cincuenta años no tiene nada que ver con la época actual. Para sumergirnos en esos duros años contamos con el relato de una de estas heroínas, que inició su vida laboral con tan solo doce años de edad, transportando sobre su cabeza hasta quince quilos de marisco durante más de dos kilómetros para intentar venderlo. Era una tarea dura, para la que no contaba ni con transporte ni con ropas de aguas que facilitaran el trabajo. Además, por necesidad se veía obligada a trabajar en las conserveras durante jornadas extenuantes, casi sin descansar, por las que cotizó cinco de los treinta años desempeñados. A pesar de todo, no recuerda haber pasado hambre, ya que capturaban y consumían mucho pescado.
LA TRADICIÓN DEL MARISQUEO EN A ILLA
Nuestra heroína nos cuenta el relato de su vida, un relato que valdría para muchas otras mariscadoras de aquellos tiempos, las conocidas como las mujeres de la "vieja escuela".
Aún recuerda cuando apenas con doce años, se vio arrastrada por la necesidad a ir principalmente a la playa de la Area de la Secada para recoger sobre todo "caramuxos" (bígaros) y berberechos y de esta forma poder subsistir. La tarea era diaria, para la que tenía que recorrer largas distancias desde su casa hasta la playa, aunque lo peor era el regreso, al tener que cargar con el "capacho" que transportaba unos quince kilos de marisco. En el mercado de Pedra Cerrada intentaba venderlo, casi nunca sin éxito, teniendo que deshacerse de él por lo poco extendido que estaba el consumo de marisco en aquella época. Ejemplo de ello era que se utilizaban nécoras y centollas como abono de las tierras.
Las mujeres que se dedicaban a las tareas del marisqueo, eran principalmente las más pobres, con el propósito de conseguir algo de dinero y pasar así menos penurias. De todas las dificultades, nuestra heroína destaca la ausencia de ropas de aguas o transporte que pudiera ayudarla en el quehacer diario, recordando que "traballaban case sen poder descansar".
Aparte de su faceta de recoger marisco, tuvo que ingeniárselas durante treinta años para compaginar las labores del hogar y la huerta con el marisqueo y su puesto "cortante", que desempeñó en tres conserveras. Por aquel entonces, coincidiendo con el momento de mayor auge de este tipo de industrias, sólo en A Illa se encontraban ocho empresas dedicadas a ello, en las que estaban numerosos empleados isleños, aunque en varios casos debido a la negativa de muchas personas de no trabajar allí, los empresarios se veían obligados a reclutar más gente procedente de otros concejos como el de Rianxo.
Una jornada cualquiera de su vida era extenuante, porque en temporadas de producción en la fábrica comenzaba a las siete de la mañana y no terminaba hasta las doce de la noche. Incluso en ocasiones, no hacía ni una hora desde que se acostaba y el comprador de sardinas de la fábrica, les iba a buscar a su propia casa para que regresara al trabajo. Lo peor de todo es que de los treinta años de trabajo, sólo cotizó los últimos cinco años.
Gracias a todas las labores realizadas, no recuerda haber pasado hambre, teniendo siempre algo que llevarse a la boca.
Entre los cultivos que plantaban para el consumo propio estaban las patatas, el maíz, centeno y "orxo". El tubérculo, como uno de los pilares de la alimentación de la época, servía para elaborar el plato típico conocido como "patatas viudas", que consistía básicamente en patatas con aceite o acompañadas de una simple salsa de pimiento. Del pan de maíz no quiere ni oír su nombre, porque lo llegó a aborrecer de tantas veces que lo comía. Otro alimento común era el pescado, degustado casi a diario, que le llamaban "panchocha", parecido al besugo de hoy. Aunque disponían de gallinas e incluso de algún cerdo, la carne de vaca escaseaba bastante, tan sólo unas cuantas veces daban leche a los vecinos.
Por todo ello, sorprende que personas como nuestra heroína, que superaron tantas dificultades a lo largo de su vida, sobreviviera a ésta dura época estando orgullosa en la actualidad de poder recordar `para compartirlas con todos.
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